Sólo 14 Km separan en barco Marruecos del mundo occidental y tengo el profundo presentimiento de que en la Tierra no hay países fronterizos en dónde los cambios sociales y culturales sean tan abismales; me encuentro en un país con una cultura islámica y fuertemente tradicional en dónde los métodos primitivos empleados en las artes, los oficios, la música y la agricultura no aparecen desapercibidos a los ojos del viajero independiente; el trabajo de calentar con leña las calderas de un Hammam -baños termales- en la Medina de Marrakech, los elaborados procedimientos de curtir pieles de animales en Bab Debbagh, el esmerado hilvanado de lana de camello para fabricar la mejores alfombras en Tinerhir o la magnífica percusión emanada de los bongos Tan-Tam, y el Darbouka de Hebraim y sus amigos de Merzouga, son claros ejemplos de mi testimonio.
MARRAKECH Y EL GRAN SUR.
Marrakech, ciudad que desprende exotismo por todos los poros, exceptuando el aire afrancesado de las grandes avenidas del Gueliz y los cafés en torno a la Plaza Djemaa el Fna. En la Medina bulle a todas horas una actividad impresionante en torno a la Djemaa el Fna, en dónde la música de las tribus y embaucadores de serpientes se conjuga con el ruido caótico de millares de cláxones, herraduras de caballos (las calesas) y el hormigueo incesante de los peatones y motocicletas que se sortean por todas partes. Solo dentro de un parque me sentí a salvo de atropellos. ¡El sabor de la aventura!. Pero me gustó, me gustó intensamente y cuanto más tiempo transcurre mejores recuerdos tengo de aquel lugar. Los Zocos, que están replegados hacia el norte de la Plaza y cubren parte de la Medina, son impresionantes; lugares laberínticos e interminables, en dónde se pueden encontrar secciones de todo tipo de géneros y oficios; tejidos, alfombras, alfareros, joyeros, cobreros, tintoreros, peleteros, especias, plantas medicinales?. Pero, cuidado, no hay precio. El regateo es obligatorio. Pero con tiempo y paciencia se puede alcanzar un buen precio en cualquier producto.
Lo que más me impresionó se encuentra en la Medina Baja, en dónde están los restos del antiguo poderío y esplendor de Marrakech. Una Kasbah (antigua ciudadela) agrupa en su recinto las tumbas sadís, el palacio El Badi y el Palacio Real (los dos últimos estaban cerrados por residencia invernal de la familia Real). y más hacia el este el Palacio de la Bahia, un lugar en ruinas pero impresionante y auténtico. Como amante de la fotografía, no deseché la oportunidad de peregrinar hacia los estanques del jardín de Menara para captar imágenes de película.
RUTA A TRAVES DE LOS OASIS DEL GRAN SUR
Tras dos días en Marrakech decido emprender camino hacia el sur, al otro lado de la cordillera. Un viaje de 5 horas en un bus de CTM me lleva hasta Ouarzazate. Fueron tramos montañosos y serpenteantes por el único paso posible a través del Gran Atlas. La llegada a medianoche al hotel Royal no fue en vano; hubo tiempo para apuntarme a una travesía en el Land Rover de Hebraim por los valles del Draa y Dadés hasta las grandes dunas del desierto del Sahara. Dos Canadienses, un alemán y un francés fueron mis compañeros de viaje durante tres días mágicos, en dónde no faltó el contacto con la gente y la cultura Berebere. Una ruta en dónde los paisajes de los cientos de Kasbahs de adobe se funden con la tierra rojiza que los vieron crecer en tiempo inmemorial. Impresionantes valles de palmeras entre montañas escarpadas y rojizas. Escenarios naturales de grandes películas y, al final del trayecto, dejando atrás Erfoud, tras una larga explanada de tierra y arena sin fin, ahí están, las imponentes dunas de Merzouga.
Si algo no hay que perderse del desierto son las puestas del sol y los amaneceres, pero tampoco la inmensidad de las estrellas de una noche gélida como la que viví; 4 mantas bastaron para resguardarme en el interior de la tienda bereber, en dónde incluso la fuerza de la luz que proyectaban las estrellas permitían divisarlas desde lo alto.
UN POCO DEL GRAN ATLAS
Al día siguiente del regreso a Ouarzazate, que transcurrió a través del valle del Draa, atravesando espectaculares gargantas (ver foto) nos propusimos realizar una ruta de montaña hasta Teoulet. Comenzamos en el imponente Kasbah de Aït Benhaddou, escenario de innumerables películas que han hecho historia en el cine. La Kasbah está situada en un saliente de montaña y situada sobre un río. Continuando por la pista, que en la edad media fue una importante ruta de oro y esclavos del África negra que se dirigían hacia Marrakech, podemos ir divisando la espectacularidad del paisaje en lo alto de un puerto en aparece una gran panorámica del valle que atraviesa el Rio Ifna Ounubila. El gran Atlas empieza a erguirse con todo su esplendor y Teoulet aparece flanqueado de imponentes montañas nevadas. Ahí estaba el palacio, un monumento de piedra en ruinas, pero todavía espectacular, con sala de oraciones estupendamente conservada. Allí vivieron generaciones de familias dominantes de lo que es hoy Marruecos, de la dinastía de los Glaoui. Beréberes. En sólo dos días pasé de la arena del desierto a la nieve de las montañas. ¡Asi de diverso es Marruecos!.. Dos tajines de vaca y gallina sirvieron para reponernos del frio imperante antes de continuar el trayecto hacia Ouarzazate.
Son mas experiencias que contar y compartir, lamento que por falta de tiempo aquí no las puedo explicar todas. Si estás interesado/a en esta ruta y quieres obtener mas información, no dudes en contactar conmigo para lo que necesites. Lo que sí te aseguro es que Marrakech y el Gran Sur no te defraudará, si algo no puedes ver, la amabilidad y simpatía de su gente compensará todo lo demás. Igualmente, si crees conveniente darme consejos para sacar mejor provecho a mis viajes o cualquier otra lección del buen viajero quedaré inmensamente agradecido. Ahora, pasemos pues a visitar mi galería de fotos que ya de por sí definen toda la grandeza del lugar y la hospitalidad del pueblo marroquí.

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