Cuenta la historia, que hacia el año de 1850 llegó a Chalpón, cerca de Motupe, Fray Juan de Alad quién llevava su vida religiosa en la estricta contemplación de la naturaleza y la penintencia. Retirado en los campos, tallo una cruz en madera de Guayacán que una vez terminada llevó a esconder en una cueva en lo alto del cerro Chalpón, a donde iba en retiro buscando soledad para su meditación. A pesar de su retiro, Fray Juan bajaba a la pobación de vez en cuando, recibía allí pequeñas colaboraciones económicas que compartía con los más pobres. Pero a pesar de su alejamiento, las costumbres de dos pastores de la zona, que llegada la noche se dejaban oir en todo el lugar, el padre decidió retirarse de Chalpón a donde no encontrara pertubado su tiempo de contemplación. Antes de irse, informó a algunos de los fieles conocidos que dejaría en el cerro Chalpón una cruz escondida para proteger al pueblo del volcán que allí existía. La historía del padre continuó hasta después de su muerte, pasando por otras cruces y otros lugares hasta terminar en su canocización depués de que en varias ocaciones apareció su cuerpo perfectamente conservado encima de sus sepulturas. Más, la cruz estuvo perdida hasta que el 5 de Agosto de 1868, durante el tercer día de búsqueda realizada por Don José Mercedes Anteparra, que había salido en empresa después que otros varios no se animaron a pesar del anuncio de un cataclismo que afectaría la región había hecho que los lugareños se propusieran encontrarla. Don José fué el primer padrino de la misa anual por la Cruz de Chalpón y hoy son muchos los peregrinos que van a su encuentro en la fiesta del 5 de Agosto, y no son pocos los que el resto del año se proponen subir el largo, empinado y duro camino hasta la Cruz, que a pesar de estar ahora suavizado por escaleras, se hace sentir en el aliento. Se le atribuyen a la Cruz muchos milagros y favores realizados, varios de los cuales se reflejan en la gran cantidad de agradecimientos que los fieles dejan colgados sobre ella y a sus pies.