Que dulce muerte sufre el atardecer, cuando inflamado de nubes rojas y cielos crepusculares, estalla en una orgía de luz y color.

Un ínfimo instante, un momento mágico, donde las sombras, tímidamente se alargan y se esconden, cuando intentas atrapar ese segundo, esa pequeña partícula de tiempo que se escapa tras el horizonte.

Retienes ese esplendor, ese color que quema los ojos y abrasa tus sentidos. Pero como todo en la vida, ese momento pasa, el espectáculo termina, y nos deja un mundo oscuro, quieto y misterioso.

**************************************************************

Gola del Ter, donde el río Ter se une al mar Mediterráneo, con vistas a las Islas Medas. 15 de Mayo de 2005.