Con sus tres mil años de historia, Xian es la ciudad más antigua de China. Ha sido la capital de 12 dinastías, aquellas con las que la civilización China alcanzó toda su grandeza y plenitud. Capital de los Zhou, los primeros filósofos; los Qin que unificaron el país; los Han que abrieron la Ruta de la Seda y los Tang que impulsaron el arte y la cultura. Xian es una ciudad llena de historia, ha sido destruida y reconstruida, pero sus muros siguen llenos de vida y tradición milenaria. Paseando por sus murallas, puedes imaginar como las caravanas entraban y salían por la puerta Oeste de la ciudad... mil imágenes de la Ruta de la Seda, que inundan tu mente y te hacen recrear en tu imaginación tiempos pasados. El Barrio Musulmán, es animado y colorido. Los tenderetes llenan la calle, y por las noches, no puedes dejar de comer los picantes pinchitos que los musulmanes cocinan en los puestos de la calle. Pinchitos de todo tipo, amenizados por buenas cervezas chinas y pan con cereales a la brasa. Todo delicioso, especiado, picante... una fiesta para los sentidos. Es muy curioso, ver a los Chinos vestidos al estilo musulmán, los hombres con los sombreros y las túnicas, las mujeres con la cabeza cubierta... Es un choque cultural para los occidentales, muy dados a generalizar y etiquetar todo. Y para continuar con las mezclas étnicas, hay que visitar la Gran Mezquita, construida en el año 742, la cual muestra una original combinación de elementos chinos y musulmanes. Pero, a parte de estos toques musulmanes, Xian es una ciudad muy China. La arquitectura, las bonitas Pagodas, las antiguas calles... todo te conduce a imaginar una antigua capital China. Paseando por una antigua calle de Xian, puedes encontrar gente escribiendo en caracteres chinos, vendiendo artesanía, preciosas pinturas. Hay calles enteras dedicadas al arte, a la escritura... se respira un aire bohemio muy peculiar. A las afueras de Xian, no hay que dejar de visitar El Ejercito de Terracota. Si algo me dejó sin aliento en mi viaje a China, fue contemplar la grandiosidad de estas figuras, colocadas perfectamente como si de un ejército real se tratara, para proteger a su emperador para toda la eternidad. La primera visita es al mausoleo de Qin Shi Huang (259-210 a.C.) , el cual es una pirámide de tierra. Todos los que participaron en la construcción de esta tumba, fueron enterrados en ella. A un kilómetro de la tumba, se encuentra el Ejército de Terracota, del cual solo se ha excavado una pequeña parte, por lo que por ahora se desconocen exactamente las dimensiones de este impresionante complejo funerario. En la actualidad, se pueden visitar 3 fosas con unos 8.000 guerreros y caballos de terracota de tamaño natural. Declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, no dejan indiferente al viajero que los contempla impresionado. También recomendable la visita al parque Lisham, donde encontrarás varias construcciones, pero lo más destacable, es un Templo Taoísta que nos dejó embelesados. No es un lugar turístico y se tiene que caminar bastante para llegar. Es maravilloso pasear por el Templo, oler el incienso, llenarte del silencio que lo envuelve todo. Un oasis de paz, en medio de la bulliciosa China.

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