Santiago de Cuba merece una visita, pero no como ellos creen para ver la Gran Piedra, el Valle de la Prehistoria, la Virgen de la Caridad del Cobre o alguna que otra playa sin demasiado atractivo, sino para conocer a sus gentes, sus paisajes, sus calles, su música, ver atardecer en El Morro o jugar a las cartas por las noches con la familia de la casa donde estás alojado charlando durante un buen rato. Todo eso no tiene precio.
La llegada a Santiago fue tal y como la había descrito nuestro chófer: un montón de jineteros ("negros", como él los llamaba) ofreciéndonos casas donde alojarnos. Afortunadamente, nosotros teníamos la nuestra reservada, y digo afortunadamente porque en esta ciudad se sufre un constante agobio por parte de la gente que te ofrece alojamiento, coche, sitios para comer... siempre y cuando no esté cerca la policía, cuya vigilancia se hace aquí menos rigurosa que en otras ciudades.
A esta parte de la isla, los cubanos le llaman "oriente". Evidentemente es la parte oriental, pero ellos lo dicen como si existiera un océano entre ambos lados, como si fueran dos países diferentes. Describen un acento peculiar en cada zona (que por supuesto nosotros no percibimos), incluso un vocabulario distinto para designar los mismos objetos. Hasta notamos una diferencia social - si ello es posible en Cuba - entre sus habitantes. Además nos llamó mucho la atención algo sobre lo que ya habíamos leído: el racismo. Ya sé que hay una gran mayoría negra en el país y que existe variedad de razas, pero insisto, a pesar de que allí todo el mundo tiene prohibido enriquecerse, los negros son más pobres, al menos esa es mi impresión. Ninguna de las casas en donde nos alojamos o comimos era propiedad de un negro, la mayoría de los conductores de taxi eran blancos, ningún empleado de hotel que vimos, excepto los de la limpieza, era negro. Y lo que es mucho peor, nos hablaron abiertamente de sus diferencias como si nosotros, por ser blancos, lo fueramos a entender. Incluso llegué a tener un roce con uno de nuestros conductores de taxi que hizo un comentario en tono de broma absolutamente intolerable y que no voy a reproducir aquí no sólo por respeto a una raza que tiene derecho a todos los derechos, sino por respeto al resto de cubanos que, imagino, se sentiría avergonzado de ciudadanos como éste.

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