Después de tanto tiempo . . . He llegado a tú hogar, es grande, me dijiste que también era mío, no consigo entender como he tardado en llegar. Son las 04:00 a.m, me siento como un extraño con todas las puertas cerradas, tengo una mochila pesada aquí en mis hombros, sigo tratando de recordar por dónde debo de ingresar, y no consigo dar con ello, miro al cielo, que para ello no necesito ni levantar la cabeza, pues las casas de un piso en su mayoría hacen que el cielo esté simplemente levantando la mirada sobre ellas. Es un azul muy singular. Aún no saco la cámara porque no me siento seguro. Y me pregunto; ¿Cuándo es qué me comencé a sentir inseguro?. No, desde que pisé Monsefú... Deseaba volver a tú casa, a nuestra casa, pero la seguridad de no encontrarte me perseguía, ahora que estoy aquí, ni una puerta se me abre. Recurro a tocar una, luego otra, nadie me da razón de cómo encontrar nuestro rincón. Ya casi son las cinco, ¿Es la bienvenida qué me das?, ¿Has deseado que pasee primero por toda tú hogar?. Ahora, escucho algunas cigarras y también grillos, pero parece que callan cuando me acerco a ellos. Ya casi se han dado las cinco y media, y por fin una persona sale con una escoba de paja y un balde de agua, no es para tirármelo (menos mal), ¡el colmo hubiera sido!. Esa señora bajita, estaba allí a punto de barrer, levantó su cabeza y pude notar su frente ceñida, su cabello negro, muy largo pero recogido con un laso. Me preguntó ella: ¿De dónde vienes con esa mochilota? con su tono de norteña, le respondí; de la selva alta, entonces me dijo, ¿eres selvatico?, no, le dije. Vivo en Lima, pero vengo a ver a mi abuelo. Ella me volvió a preguntar, ¿por qué no vas entonces donde él?, sí estoy yendo, le respondí. Pero no recuerdo dónde está la entrada de su casa.

De lo lejos llega un joven, y trae un saco lleno de frutas, y en la otra mano un jarro de Leche. Diciéndole abuela, aquí te traído la leche, ¿dónde te la dejo?, ella le responde, encima de la mesa. Yo, aún no bajaba la mochila, y ella me preguntó si me gustaba la leche fresca, le respondí que pocas veces la he tomado de ese modo. Entró a su casa y sacó un posillo con leche recién extraída de la vaca, aún estaba tibia, y me dijo, no te hago pasar a mi casa porque aún estoy barriendo, pero espera un momentito y te quedas a descansar un rato. "Por alguna extraña razón me gustaba quedarme en ése lugar". Entré y me tendió un petate, (petate, es una alfombra hecha de paja), luego tendió otro sobre el primero, luego me dio una frazada y me dijo: "Descansa que debes de estar muy cansado". Yo que suelo ser muy hablador, me quedé pasmado y sin habla, me quedé acostado un rato. No pude dormir, sólo me estuve arregostado, me había dejado sólo la viejita.

Luego de unos minutos, cogí mi mochila y le dije a ella: Ya me voy, quisiera ir a buscar mi casa, riéndose me dijo, tú casa ¿Y no conoces dónde queda?, es que son muchos años que no vengo. Le pregunté, ¿Por dónde hay una acequia? Y ¿Por dónde quedan las chacras?, me señaló por donde quedaban. Le di las gracias y cuando estaba a punto de irme, salió una señora, preguntando ¿Quién era y qué deseaba?, algo soñolienta estaba ella, me preguntó, a quién había venido a ver. Le respondí tan igual como antes le había dicho a la viejita. Tenía que despedirme, pero me preguntó ¿Cómo apellida el señor?, Llontop le respondí. Dijo entonces la señora, encontraras por aquí a muchos con ese apellido. ¡Sí! lo sé, le respondí. Más tarde regreso señora, muchas gracias le dije.

Mientras caminaba por las calles, con una sonrisa, daba las gracias por la generosa forma de recibirme. De pronto, comencé a reconocer todo. Fui directamente a la puerta, esa que queda en un callejón, me di cuenta que había estado caminando por allí minutos atrás, se me vinieron todo los recuerdos depositados tan igual como en tú última noche. Hoy puedo entender por qué pediste a tus hijos que te trajeran aquí. “Es tú hogar”. Quiero ahora caminar yo por los caminos por los que has andado. Y así lo haré hasta reencontrar el mío.

Recuerdo las frutas de las chacras, bastantes similares hoy las encuentro en estas tierras, las veo y las degusto con otro sentir. Son casi las mismas frutas, y el mismo olor de los campos.¡Claro! siendo aún la despensa de Lambayeque, no se podía esperar menos. Pero siento la fruta de otro modo, no porque haya cambiado ella, sino que ahora hasta el sabor de la tierra quiero sentir. No me conformo con su aroma. Ahora veo la acequia, claro ya no soy yo el niño que se baña en ella, ahora veo nuevas caras.

Me dijiste alguna vez: Monsefú es uno de los pueblos lambayecanos con profundo y brillante pasado histórico , el que es necesario conocerlo, pero no por entretenimiento o por tener una simple recopilación de datos, nombres o fechas: no, pues hay que conocerlo tal como fue, porque conociendo el pasado, comprenderás de donde vienes. Fue entonces cuando entendí que sí deseaba conocer un poco más de ese lugar, tenía que recorrerlo a pie.

Claro, antes de ir allá me informé un poco de Monsefú, del Monsefuano de Chiclayo o el Chiclayano de Monsefú algo referentes a sus orígenes. Aprendí que los chimú poblaron la costa norte del territorio peruano y realizaron conquistas territoriales, partiendo del Valle de Chimor (Trujillo) a semejanza de los Incas, aunque en menos escala. La lucha por el dominio está ligada a los destinos de la humanidad, solo varía en proporciones y en la forma. Conquistaron los Valles de: Collique (Pampa Grande, Sipán, Saltur y Pucalá) y Cinto (Tumán, Luya, Capote), es decir, tierras de la actual provincia de Chiclayo. Los régulos o señores de Chimú gobernaron gran parte de la región norte o YUNGA (tierra caliente), llamada así por los españoles. Fue el régulo Chimoc Capac quien organizó a las tribus descendientes de Naymlap; organizó las behatrias (pueblos cuyos vecinos podían elegir libremente a su dueño) bajo el gobierno de los Caciques Pongamassa, Pallomassa y Oxa. Por estos tiempos Cuncu Chumbi era el Cacique principal de Reque, Monsefú y Chuspo (Callanca). Contrajo nupcias con Xallencatelli, con quien tuvo cuatro hijos: Xancol Cumbi, Quicuy Chumbi, Nuncu Chumbi y Miguel Quesquén Chumbi. Antiguamente Monsefú estaba ubicado en el Valle de Chuspo o Callanca, en el lugar denominado Alicán, a inmediaciones del Cerro de San Bartolo. La superficie era más o menos de 2 hectáreas. Como restos del antiguo Monsefú, hasta hace poco se conservó un paredón que se calcula era de 40 metros de largo por 3 de alto y un espesor de ochenta centímetros. En el Cerro San Bartola se puede apreciar ciertos signos (Petroglifos), que nos demuestran la cultura del Monsefuano primitivo.

Sabiendo esto, me fui a recorrer las chacras aledañas de Monsefú, quería ver la forma de vida que han venido teniendo hasta la actualidad, no vi un río, no era difícil pensar que la agricultura sin un río cercano haría más complicada la vida allí. Y de eso había mucho, es decir mucha dificultad para trasladar el agua hasta ese lugar. Más ahora con los cambios climáticos y las sequías que vienen aconteciendo por el calentamiento global. Pero también pensé, que esto siempre ha sido así, la gente de este lado del territorio Peruano, siempre ha tenido la vida difícil, sin embargo la agricultura allí ha sido y sigue siendo la principal fuente de Chiclayo. Tierra seca en casi todo el camino, el calor se sumaba a todo ello, pero aún así podía respirar las deliciosas plantaciones que rodeaban mis caminar. Eran muchos olores los que percibía. Olía a norte, al norte que siempre he tenido en mi memoria. No pude contener la sensación de sentir que no caminaba sólo. Sabía que era un momento mágico, a pesar que gran mayoría del recorrido caminaba sólo, pude confirmar lo había escuchado sobre la gente de esta parte del Perú. La amabilidad de su gente era increíble, ya lo había notado desde los primeros minutos en mi llegada. Pero ahora era diferente porque no era sólo esa persona que me recibió con tanta amabilidad en el pueblo. Sino que la amabilidad se expandía por todo ese territorio. Me miraban extrañamente, pero luego hasta me ofrecían agua y hasta frutas, yo en varias ocasiones deseaba pagarles por ello, pero se negaban a recibir hasta nada. Me invitaban en algunas ocasiones a recorrer sus chacras y arrancar frutos diversos. Frutos similares a los que comía en la chacra de mi memoria.

En una de esas ocasiones una pareja de esposos de avanzada edad me dijo: Eres bienvenido y ven cuando tú quieras, aquí no tendremos riquezas pero tienes lo que a ti te gusta. "Fue la expresión más sublime que había escuchado". -Como entenderán- sentí que ése lugar es parte de mi. Soy ingrato al no visitarlo constantemente, pero la constancia no hace que sea menos grata. En otras ocasiones la gente del campo me preguntaba mi nombre y claro apellido, al responderles al parecer se me abría más los campos. Parecía que ésa era la llave. Y hasta me preguntaban si es que era músico. Y yo un poco asombrado les decía ¿Por qué la pregunta?, y me decían hay muchos que son músicos y llevan tú apellido. Me reí y le respondí, si me gusta la música, al igual que a mi padre y a su padre. Esa gente no me conocía, pero a la vez si me conocía.

Vi rastros, rastros en el rostro de cada una de las personas, que me demostraban de qué estoy hecho, de donde proviene parte de mi. El recorrido quise hacerlo más expansivo, tal y como trata la historia, así que me fui hasta Sipán, sí, ese lugar tan reconocido ahora, conocido por el denominado Señor de Sipán. Me fui para ello hasta la denominada “Huaca Rajada”. En ese lugar se ha tiene el mayor descubrimiento que rescata el valioso pasado histórico de una de las más florecientes culturas del antiguo Perú, y muestran a través de su hallazgo, la herencia de un Imperio que parece sobrevivir a través de los siglos. Sipán, muestra al mundo las insospechables riqueza del milenario señorío de la raza y la cultura Mochica, que dejó un asombroso legado para las generaciones venideras. Al caminar sobre las cumbres de las Huacas, veía volando casi a mi costado a los gallinazos, surgiendo ahí un pensamiento: Es posible que los bisabuelos o tatarabuelos o ante pasados de esos mismos gallinazos hayan podido ver la historia, y ellos en el mismo lugar, recorriendo las misma huacas, total ellos siguen siguiendo a su naturaleza. No paré de estar en ese lugar. Hasta entender un poco más sobre ese lugar. "Allí tienen las fotos". Podrán imaginar que estar sobre la huaca y sentir el calor de ese lugar, se me hacía sofocante, me puse a caminar con dirección a Pomalca, sin embargo vi a una familia que caminaba en dirección contraría hacía mi, y traían toallas y ropa adecuada como para bañarse en una piscina o playa, y entonces les pregunté: ¿Hasta dónde se van?, ellos muy alegremente me respondieron, hasta el Río Reque. Y, ¿está cerca?, sí bastante cerca me respondieron, la pregunta la hice porque quería también visitar ese mismo día el balneario de Pimentel. Entonces les dije, ¿Puedo acompañarlos?, claro, ¡vamos!, y la pregunta clásica era, y ¿Por qué llevas ella mochila tan grande?, eran varios días de viaje y cada vez pesaba más, sobre todo porque llevaba más ropa húmeda. (como recordaran, este mismo viaje los enlacé con el viaje que hice anteriormente en Jaén – Cajamarca). Llegamos al río y estaba muy deseoso de ingresar y darme un buen baño, el agua muy fresca, pero claro, no todo era tan fácil, primero había que pisar o hincarse con un poco de la denominada púas del diablo. Esas que te hincan los pies, abundan en las orillas, claro de eso no me enteré hasta que lo experimenté. Ya completamente refrescado y despiéndome de esa bondadosa familia, me fui rápidamente ha abordar el bus que me llevaría hasta el balneario de Pimentel, queda muy cerca también de Monsefú. En ese lugar era donde almorzaría, contemplando la belleza del mar. Vi también caballitos de totoras, similares a las que hay en Huanchaco – Trujillo, "más al sur de Chiclayo – Lambayeque". (Un caballito de totora es un tipo de embarcación construida con tallos y hojas de totora). Las olas de ese lugar también se prestan para el deporte de la tabla. De las cuales no vi pocas. Luego de ver el atardecer y darme un merecido chapuzón. Tenía que retornar al centro de Chiclayo y luego a Lima. Ya no pasaría por Monsefú en esta oportunidad, pues no deseaba despedirme, pues aún no me despido.