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Día de salida: 1 de Mayo de 2008. Duración: 4 noches.
Ruta: Barcelona - Villefranche-sur-Mer - Ibiza - Barcelona
Salida Barcelona
Esta vez, fuimos hasta el Moll Adossat aprovechando el servicio de buses que puso a disposición de sus clientes Cruecemar. Fuimos en coche hasta Cardedeu y allí tomamos un bus que nos dejó en la puerta de la terminal de Royal Caribbean. Un sistema que se nos antojó muy cómodo, ya que te libra de los inconvenientes que tiene éste muelle. Tras esperar a parte de nuestros compañeros de viaje (familia y amigos), entramos en la terminal pasando por el mostrador con los SetSail Pass. Aún así, dedicamos bastante tiempo a comprobar las documentaciones. Una vez acabado subimos al barco.
Una vez embarcados, nos dirigimos directamente al Windjammer Café (self-service) y almorzamos, ya que, tal como temíamos, en menos de una hora ya era totalmente imposible hacerse con un asiento.
Tras reponer fuerza, realizamos la visita obligada del Navigator of the Seas.
Villefranche-sur-Mer ( Francia)
Para desembarcar en éste pequeño pueblo costero, se echó mano de embarcaciones autóctonas. Tras desembarcar, nos dirigimos a la estación de tren, a unos 500 metros al noreste ( o sea, saliendo del puerto a mano derecha) a través de la Quai de l'Amiral Ponchardier y el Promenade des Marinières, vaya, siguiendo la playa. Tomamos dirección a Monaco ya que era un lugar que tenía ganas de ver, sobre todo por contener el mítico circuito urbano de formula 1. La otra opción era visitar Niza (Nice). Salimos de la estación por el lado que daba hacia el mar, llegando a la Avenue d'Ostende. Como buen seguidor de Formula 1, decidí recorrer lo que será, dentro de unos días, el GP de Mónaco. Para mi sorpresa, el circuito ya estaba vallado y estaban terminando de montar algunas gradas. Eso me facilitó mucho seguir el trazado de la carrera. Seguimos la avenida a través de Beau Rivage hasta Massenet, donde hicimos un alto para ver el paisaje. Después nos dirigimos a la plaza del Casino, donde realmente empezamos a percatarnos del glamour de ésta ciudad. Ferraris, Porches, Bentleys, algún Rolls Royce, Aston Martins, e incluso un Spyker y un Lamborgini. Todos nos lazamos a la foto del coche más bonito (a nuestro gusto, claro). Una vez más tranquilos, entramos un momento a la recepción del Casino y después nos dedicamos a tomar algo y comprar algún recuerdo que otro.
Ante mi impaciencia por conocer el circuito, dejé a los familiares en la plaza y, con unos amigos, seguimos el recorrido del circuito bajando por las impresionantes curvas de Mirabeau (Avenue des Spélugues), Portier y cruzando el tunel (Boulevard Louis II), donde, curiosamente, están las entradas y salidas de algunos de los aparcamientos públicos. Llegamos a la Chicane (empalmando con Avenue du Président Kennedy) donde empezamos a babear viendo los yates que estaban atracados en el puerto.... que pasada... ríete de los que están en Sitges... seguimos bordeando el puerto girando por Tabac (enlazando con Quai Albert 1er) y pasando por la curva de la Piscine.
Antes de llegar a la famosa curva de La Rascasse me encontré lo que me dió la oportunidad de disfrutar a fondo mi paseo por Monte Carlo, un puesto donde, por 85, podía disfrutar de la conducción de un Ferrari 360 Spider.... que gozada.... sin casi dudar me monté en él, y empezaron las sensaciones.... el lujo de conducir la famosa marca del cavallino rampante..... la potencia, 400 caballos a nuestras espaldas.... la tecnología, cambio de levas semiautomático..... la Formula 1, recorrí todo el circuito.... el glamour, todo el mundo te fotografiaba....... el quedarse con la familia... no veáis las caras de alucinadas de mis sobrinas y mi cuñada o el respingo que dio mi hija, cuando me vieron conduciendo el coche... y escuchar... "pero tiooo, que haces ahí???"... tan sólo acerté a contestar "pues conducir".... en fin... que si podéis, no os lo perdáis. El dueño del vehículo, monaguesco según me indicó, fue dándome explicaciones sobre el recorrido y mantuvimos una agradable conversación durante el trayecto... eso si, en inglés, ya que el castellano no era su fuerte. También hablaba en francés e italiano.
Tras disfrutar como un "niños con zapatos nuevos", nos reecontramos con el resto del grupo y nos dirigimos a la estación del tren, donde tras sufrir algunos inconvenientes, pudimos regresar al Villefranche, desde donde volvimos a embarcar en el NotS.
Ibiza (España)
La distancia entre el muelle de atraque y el centro de la ciudad de Ibiza obliga, en parte, a tomar un bus lanzadera (Shuttle). De ir mi mujer y yo sólos, probablemente hubiéramos ido andando, pero el ir en familia obliga a pagar esos 6$ por persona (menores de 11 años gratis) y trayecto. La ciudad en si no es nada excepcional, y lo único que parece de interés es subir a la fortaleza, desde donde se divisa todo el puerto y la ciudad. En la falda de la montaña donde se asienta la fortaleza, se extiende una ciudad que se asemeja a poblaciones costeras del Mediterraneo, eso si, despuntando por su blancura. Las calles estrechas están llenas de pequeños comercios y locales de restauración. Personalmente considero esta visita prescindible, ya que no me aportó nada de interés, además, por lo que me han comentado, lo mejor de la isla está en San Antonio, pero con familia era difícil desplazarse hasta dicha población sin tomar una excursión del barco. Aún así, disfrutamos del paseo y las vistas.... bueno, y las mujeres de las tiendas, jajajaja....
Navigator of the Seas
El impresionante hermano del Voyager sólo se diferencia en el estilo de su decoración, aunque lo vi un tanto abandonado, sobre todo era palpable en la falta de cuidado en las barandillas de los balcones de los camarotes. Personalmente, me parece que la decoración del Voyager tiene algo de más estilo, y esta realizada con más gusto. Tal vez la discoteca, ambientada en un castillo medieval, y la sala de juegos, muy bien dotada, me impresionaron más en éste barco. El servicio, en general, a sido uno de los menos eficaces que he visto hasta la fecha (sólo llevo 6 cruceros), empezando por nuestro ayudante de camarote, que parecía no enterarse de nada, y siguiendo por el restaurante, donde a veces tenía que esperar a ver a nuestros camareros que, literalmente, desaparecían. Eso si, se comportaron correctamente en todo momento. La comida muy monótona y en las numerosas paradas del Windjammer siempre había lo mismo... mucha cantidad, pero poca variedad. Por otro lado, era de agradecer tener siempre limonada disponible. Había otra bebida, pero no llegué ni probarla, pero la sensación general era de total repulsa. Si hay algo que nos ha quedado en el recuerdo de éste mastodóntico barco fue la gente.... mucha gente... tal vez demasiada.... sólo en el Azur recuerdo haber tenido problemas con la gente... pero es que no hay comparación posible entre ambos buques... Pude patinar sobre hielo, pero considero que las oportunidades de realizar esta actividad de ocio son mas bien escasas para el bombo y platillo que le dan. Los horarios del restaurante eran insuficiantes, y llegaron a poner en jaque la habilidad de la tripulación ante unos pasajeros bastante "mosqueados" (y algunos muy groseros...) por no poder entrar en el comedor cuando éste estaba lleno y, además, ya cerraba sus puertas a las 14:00 horas.... y es que ya estabamos hartos del amontonamiento del Windjammer y muchos decidimos ir a comer al Nutcracker (restaurante de abajo del todo), pero incomprensiblemente cerran sus puertas muy temprano... y digo incomprensiblemente porque por la noche, la cena fue retrasada hasta las 21:45 horas... de hecho había 4 turnos en vez de los dos habituales. No acabo de comprender por que retrasan tanto por la noche y no hacen nada al mediodía... a no ser que a esas horas los habituales fueran americanos.... en fin... En general bastante bien, pero el hecho de que la mayoría de los pasajeros fueran de procedencia española desvirtuó la típica forma de trabajar de esta compañía, con lo que mantengo que la mejor forma de disfrutar un crucero es ir en aquellos que la mayoría son jubilados americanos... eso si es disfrutar de la tranquilidad....
Anecdotas
Una de mis sobrinas, con 20 años de edad, solicitó permiso para beber alcohol, pero como para la Royal Caribbean es menor, no fue posible, ya que necesitaban un permiso "específico" por parte de sus padres para dar dicho permiso (en el que me hicieron, no constaba éste tema). Mi autorización no servía.
A mi hijo, que viajaba conmigo, también le pusieron peros... pero tras firmar por duplicado una autorización, parecía estar solucionado el problema... pero no fue así. Cuando mi hijo intentó solicitar una bebida alcohólica, al haberle taladrado la Sea Pass, se lo negaron, aún presentando la copia del permiso firmada por mi. Solución, ir al mostrador de Relaciones Públicas y hacer una nueva tarjeta sin agujeros. Un montón de tiempo perdido para nada, ya que si lo sé, le solicito el permiso directamente en el barco y me ahorro el follón de la terminal, tal como hice en el anterior viaje.
A mi madre le perdieron la maleta, posiblemente por que se la intentaron dar a mi cuñada, pero ésta al no reconocerla, la rechazó (ivan en diferentes camarotes). Cuando le pregunté al ayudante de camarote, éste no sabía que decir y me indicó que hasta las 19:00 horas no podía hacer nada, con lo que decidí ir al mostrador de relaciones públicas y preguntar. Allí encontré la maleta junto a otras, y tras comprobar que era la de mi madre me la llevé sin más. Lo que me preocupó es la facilidad con que lo hice, si no hubiera sido la mía, nadie me hubiera impedido que me la llevara.
A diferencia de otros cruceros, en los cuales predominan los jubilados americanos, en éste la mayoría de pasajeros eran españoles (más de 2.000), y la verdad, es que se notó muchísimo.... pero para mal.... el windjammer se abarrotaba a las horas de la comida. Chillidos casi constantes y aglomeraciones en cualquier parte del barco. Desde luego, fatal para los que nos gusta disfrutar de la tranquilidad del crucero, por que en éste no existió. Y ya no digamos los modales de algunos pasajeros que no paraban de exigir esto y aquello, aún cuando era evidente que no tenían razón.
El desembarco mediante barcazas a Villefranche fue bastante pesada, ya que las colas fueron escasas, lentas y masificadas. Tardamos más de hora y media en poder abandonar el barco, y la verdad, no me explico el porqué, ya que las barcazas eran bastante grandes. Mucha gente, harta ya de esperar, decidió pasar y quedarse en el barco.
Fue realmente curioso como en la estación de Villefranche, los empleados uniformados vigilaban que nadie se acercara demasiado al extremos del andén mientras el tren llegaba hacía su entrada.
La gente, a ver a mi familia saludarme cuando pasé con el Ferrari, debieron pensar que era alguien famoso y no dudaron en saludarme como si así fuera... inocentillos, jajajaja.... lástima que el tráfico y lo complicado del circuito no me permitieran exprimir mejor las características del coche, pero aún así, disfruté como un loco y me permitió saludar a mi familia cuando me crucé con ella. En algunos momento, el dueño me hacía frenar para luego salir como un cohete y saborear los 400 caballos (a 6.000 vueltas en segunda), pero eso no gustó mucho a los que ivan detrás nuestro, que se mosqueban por momentos y al final del recorrido, hasta mi copiloto les dijo de todo... aunque he de reconocer que tenían razón... pero cuantas veces en la vida uno puede hacer eso????
Cuando llegamos a Mónaco, nos percatamos que pasaba algo grave en el principado, ya que policías armados buscaban a "alguien" en la estación (a mi mujer no la pudieron atender y ni si quiera la miraron, estaban en tensión). Luego durante nuestro recorrido, la policía no paraba de ir de un sitio a otro, ya que al parecer, y según nos dijeron más tarde, había habido un aviso de bomba en los trenes. Eso mismo ocasionó que uno de los trenes previos a nuestra llegada a la estación de Mónaco antes del retorno fuera anulado, lo que provocó una gran aglomeración en la estación. Por si fuera poco, al llegar el tren que teníamos previsto para coger, nos fue del todo imposible, ya que primero paró muy adelante de donde estábamos nosotros y segundo, la marea de gente nos imposibilitó el paso. El tren tardó un poco en salir, ya que la gente agolpada en las puertas no permitían que éstas se cerraran (tercermundista total). Empezaron a aparecer dudas sobre las posibilidades de coger el siguiente tren y afloraron los nervios entre la gente, muchos de ellos, procedentes del NotS y del Pacific (otro crucero). Miramos la posibilidad de coger un taxi u otro medio de transporte hasta Villefranche, pero nada de nada, no había opciones y menos con un grupito de 11 personas, a las que se fueron añadiendo otros compañeros de foro con sus grupos. Ante el temor de que el NotS se fuera sin nosotros, llamamos a conocidos que estaban embarcados y les pusimos en antecedente, para que, llegado el momento, pudieran hacer fuerza para evitar que el barco zarpara si nosotros. Esperamos con tensión la llegada del próximo convoy, temiendo una repetición de los sucedido con el anterior, pero éste no paraba en Villefranche, por lo que decidimos no cogerlo. Se repitió lo sucedido, aunque esta vez el anden quedó algo más despejado dándonos esperanzas para el siguiente, como así fue (a la tercera va la vencida), ya que llegó practicamente vacío y nos pudimos subir todos sin problemas pero bastante nerviosos. Los que optaron por el segundo convoy, llegaron a Niza y buscaron medios para volver una paso atrás con otro tren o autobuses, ya que los taxistas, según nos contaron, se negaban a hacer el trayecto por ser muy corto. Este problema repercutió en los siguientes trenes y la prueba está en que la última barcaza que transportó pasajeros lo hizo mientras el NotS ya estaba encarándose hacia mar abierto.
En la llegada de Barcelona, decidimos, tal como ya habíamos hecho anteriormente con el Voyajer of the Seas, hacer el desembarco express, o sea, cargar nosotros mismos con las maletas para salir zumbando a primera hora de la mañana, debido a que muchos de los que vinieron con nosotros en los autocares, trabajaban ese mismo día y tenían mucha prisa. Al contrario que en el VotS, en el que salimos practicamente sólos, nos encontramos una marea de gente que había decidido lo mismo.. arghhhhhhh.... a tragar cola. Aún así, fuimos relativamente rápidos y en media hora ya estábamos subidos en el autocar que nos llevó de retorno a Cardedeu.
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