Aterrizamos en el aeropuerto internacional Menara con la puesta de sol. No hay duda, hemos llegado a Marruecos: las voces, el ajetreo de la terminal, los empujones entre los guías y conductores que esperan a las puertas mostrando sus carteles, así nos lo recuerdan. Ha sido un acierto pedir que nos recojan en el aeropuerto al hacer la reserva del alojamiento. Ya ha anochecido cuando nuestro conductor nos deja en manos de uno de los porteadores que esperan con su carro ante una de las puertas de la muralla que rodea ... (more)

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