San Cristóbal había amanecido limpia, de empedrado reluciente y colonial que deslumbraba en aquellos tramos donde el Sol iba acomodándose en el día, calentando a las pocas personas que se aventuraban en las vacías calles de la mañana del domingo. En el Parque Central apenas se adivinaban un montón de pájaros chillones que revoloteaban entre los árboles rompiendo el silencio mientras que los primeros fieles se acercaban a una catedral que ya había ... (more)

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