Mas kilómetros de arena y desierto nos acercaban a Jaisalmer. Nunca le revelaba a Dinesh el hotel o la Guest House que había elegido hasta que nos aproximábamos a la ciudad. Era una forma de evitar que en las paradas, telefonease reclamando una comisión no ganada y que,desde luego, pagaría yo. Otras veces, no tenía ni idea cual iba a escoger. En Jaisalmer, me hospedé en un vetusto palacio del maharajá: un lugar bonito, escondido, cubierto de polvo y tiempos mejores; habitaciones grandes y
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